sábado, diciembre 24, 2011

Pinturas que sanan

Por María Paula Zacharías

En el Centro Cultural del Hospital Borda, el artista Pedro Cuevas armó un espacio en el que la creación es el mejor tratamiento.

Hace dos años, Pedro Cuevas quiso aislarse en el Borda. Se sentía estresado por intentar pertenecer al circuito del arte porteño. Venía de diez años de formación, arte, muestras individuales y ventas en Europa. Y el mercado local no fue muy amable. "Me colapsé de ego", asegura. Buscó la manera de irse a otro planeta a pintar por el solo placer de pintar.

Se acercó al Borda, pidió permiso y una mesa en la que trabajar sin molestar. Pero le dieron más: un edificio en decadencia y el desafío de levantar ahí un centro cultural. Al principio no quiso saber nada. "Ni siquiera los escuchaba, me parecían más locos que los pacientes", dice. Quería internarse, pero no lo dejaron. Lo llevaron a ver el edificio. "Ruinas horrorosas., pero un lugar hermoso", recuerda. Y cuenta que siguió yendo. No parece enajenado y con el tiempo se comprueba que es sincero. Trabaja en su casa, un departamento a estrenar en Villa Devoto, en el que vive con su mujer, la China, diseñadora gráfica, y sus dos hijas. Un piso más arriba está el balcón terraza con parrilla, pelopincho con tobogán y un quincho que es su atelier. Un padre de familia común con una historia de arte, locura y sanación.

Sacarlo todo afuera. Al participar en los talleres de pintura, los internos encuentran otros modos de comunicarse con los demás. Foto: Daniel Pessah
Todos en el mismo barco

Entrar por primera vez en el Hospital de Salud Mental J. T. Borda da miedo. El edificio central, enorme y desolado, encierra pesadillas. Pero no es tan abrumador pasear por sus jardines. En el camino salen al cruce algunos internos. Uno de ellos es Valle. Mira a los ojos y quiere que lo escuchen. Pide cigarrillos, sólo un cigarrillo. En el fondo del predio un cartel indica que se está llegando al Centro Cultural Borda. Aparecen el color, los dibujos, la música, la buena energía de los que están creando. En aquel último recoveco un grupo de gente se encuentra para pintar. Locos y cuerdos. Todos en el mismo barco. (Leer más: La nación)

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